¿Qué hacer cuando no te sientes feliz?

Cuando te sientes infeliz pasas por una sensación desagradable de angustia permanente, como si te faltara algo, un vacío inconfundible que la mayoría de las personas describen como un hueco en el estómago o un nudo en la garganta. Te sientes solo, perdido o sin rumbo, no tienes sueños o ilusiones, no tienes ganas de hacer nada y tampoco encuentras una buena razón para continuar.

Todos hemos pasado por un momento así, puede que, por una desilusión amorosa, por un trabajo frustrante, por el agobio de un jefe acosador o simplemente un domingo en la tarde al percibir la proximidad del lunes. Es una sensación que lentamente te come el alma.

Yo principalmente pienso que todo el mundo desea ser feliz y es por ello por lo que he estudiado y buscado dentro del Desarrollo Personal todas las herramientas que puedan ayudar a mis pacientes (y a mí personalmente) a ser y mantenerme en un estado de felicidad.

Hoy te los voy a compartir para que tú también consigas cambiar tu vida a mejor.

¡Aprovéchalos todos!

  1. Acepta la realidad

Muchas veces nos sentimos mal y sabemos que es porque hay algo que nos rompe por dentro como el no cumplir nuestras expectativas o estar viviendo la vida y los sueños de otra persona (quizá cumpliendo las expectativas de nuestros padres o de la compañera o compañero de vida). Si somos sinceros sabemos que necesitamos un cambio, pero nos negamos a hacerlo porque los miedos y las inseguridades son más fuertes. Pues el primer paso es ACEPTAR que no somos felices, aceptar que necesitamos cambiar, aceptar que la vida no es siempre lo que esperábamos.  Y aquí quiero reforzar con mayúsculas esta última afirmación: ¡ACEPTAR QUE LA VIDA NO ES PERFECTA!

Esto lo aprendí cuando mi novio de 6 años me engañó con su secretaria a la que dejó embarazada, razón por la cual rompimos nuestro compromiso, fue una época dura, pero en esos momentos aprendí una frase que me liberó por completo del dolor:

“Céntrate sólo en aquello que puedas cambiar. Acepta el resto y adáptate a ello”.

Sé qué esto parece simple, pero continuamente me encuentro a gente frustrada porque son incapaces de aceptar que el mundo es como es y no como les gustaría que fuese, y no consiguen entender que, por mucho que quieran, hay cosas que no pueden cambiar.

Con el clima es obvio. Nadie se enfada porque llueva o haga sol (o al menos no demasiado), ni intenta cambiar el tiempo con hechizos mágicos. Sin embargo, no es tan sencillo trasladar esta manera de pensar a otras áreas de nuestra vida.

Un buen ejemplo son las relaciones personales. Podemos influir en el comportamiento de los demás con nuestros actos, pero no podemos controlarlo. Al final, cada cuál va a hacer lo que le dé la gana, y cuanto antes lo asumas mejor.

Eso quiere decir que, aunque seas el mejor novio o novia del mundo, puede que tu pareja te deje; que aunque le hayas inculcado unos ciertos valores a tus hijos, puede que cuando sean adultos hagan justamente lo contrario; o que, aunque escribas un blog con toda tu buena intención, puede que haya lectores que te odien y te insulten porque sí.

Lo difícil en estos casos es entender que el comportamiento de la otra persona no es culpa tuya. Aceptar que, hagas lo que hagas, no puedes convencerla de que está equivocada ni obligarla a rectificar.

Otro ejemplo son las injusticias. Nos gusta creer que en el mundo existe una justicia divina y que todo el mundo recibe lo que se merece. Que si hacemos un buen trabajo todo irá bien y seremos recompensados.

El problema es que las cosas no funcionan así. Graduarse con matrícula de honor no te garantiza un buen empleo, y en el trabajo no siempre ascienden al mejor, sino que a veces la promoción se la lleva el que mejor se vende o el amiguete del jefe. Esto nos frustra, nos irrita y nos estresa. Nos cuesta aceptar que esa es la realidad.

Muchas veces nos sentimos vacíos o infelices a causa de sucesos sobre los que no tenemos control. Le damos vueltas y vueltas a nuestras acciones buscando dónde nos equivocamos, y nos damos latigazos por nuestros supuestos errores.

La próxima vez que te ocurra algo así, considera que, a lo mejor, lo que pasó no fue culpa tuya.

Acéptalo, no te lo tomes como algo personal, y pasa página.

Si no te gustan las reglas del juego y no puedes cambiarlas, sólo te queda una posibilidad: adaptarte a ellas.

  1. Márcate metas claras, pero no te obsesiones

Recuerdo mucho cuando me mudé a París a vivir con mi esposo (que en ese momento era mi novio), todo era fantástico cuando estábamos juntos, pero tan pronto él tenia que trabajar y yo me quedaba sola en su departamento, entraba en una espiral de tristeza y soledad. Era como si mi felicidad dependiera de él y no de mí. Fue entonces cuando aprendí una gran lección: si quería recuperar el control sobre mi felicidad necesitaba encontrarle un sentido a mi vida, algo que hacer, algo que me inspirara a levantarme cada mañana de la cama.

Entonces para pasar mis horas vacías abrí mi blog “La aprendiz de letras”, en un comienzo lo hice para desahogarme, pero luego se volvió mi razón de ser y cuando empecé a ver que más y más personas me leían y se identificaban con lo que escribía empecé a crearme objetivos cortos y muy alcanzables, si tenía 50 personas que me leían mi meta era que a la semana siguiente conseguiría llegar a 50 personas más, eso me llevó a estar activa en las redes sociales, pero también a leer muchísimo y a investigar sobre los tremas que iba a escribir. Tenía mi tiempo completamente copado, no ganaba dinero, pero era feliz.

Lo que aprendí de esta experiencia es que trabajar todas las semanas en búsqueda de un objetivo le da un propósito a tu vida, y eso ayuda a que estés bien. Es sentir que vas avanzando en tu camino particular. Porque la vida es movimiento, y cuando te quedas quieto te pudres, como el agua de un pantano.

Por eso, si te encuentras perdido y sin rumbo, márcate una meta que sea importante para ti, que sea difícil (pero no demasiado difícil) y que tenga un final claro.

Si no sabes qué hacer, busca en tus hobbies, en tus gustos en aquellas cosas que te hacen feliz y que harías, aunque no te pagaran un centavo por ello.

Pero OJO no te obsesiones con las metas, conozco a muchos que caen en la otra orilla, que piensan que sólo serán felices cuando cumplan sus objetivos, que piensan que la vida es el destino y no el camino. Ponte metas, pero no coloque tu felicidad en ellas sólo disfruta el alcanzarla y si no las logras replantéalas o toma otro camino y toma esa experiencia fallida como un aprendizaje de la vida.

  1. Encuentra un trabajo que te haga feliz

Uno de los motivos más grandes de insatisfacción es el tener un empelo que no genera felicidad. Lo viví en carne propia cuando trabajé en una empresa de salud, al comienzo tenía un cargo fantástico como coordinadora social, allí tenía contacto con muchas personas, dictaba conferencias y talleres que generaban bienestar y me sentía en mi salsa, pero la remuneración económica no llenaba mis expectativas. Así que me encaminé a la gran odisea de subir de nivel en la empresa y alcanzar un cargo más directivo. Y lo conseguí, llegué a directora operativa encargada de una regional, pero perdí mi esencia. Ya no tenía contacto con la comunidad, me sentaba 8 horas al día, 5 días a la semana frente a un computador a resolver problemas económicos de la empresa.

Al final ese trabajo se convirtió en una carga frustrante y aunque ganaba muchísimo más de lo que alguna vez había imaginado era más infeliz que nunca y lo pero es que al subir mi nivel económico también aumentaron mis deudas pues había comprado un apartamento que debía pagar. No fue fácil para mí, pero asumiendo el riesgo económico que ello implicaba un día renuncié a ese empleo y le di un vuelco completo a mi vida. He de aclarar que no fue un salto al vacío pues antes de renunciar me forjé otro estilo de vida y el apoyo de mis padres para asumir las deudas que había adquirido. Pero lo hice y hoy estoy muy feliz de haberlo hecho.

Tu trabajo es importante. No sólo es una parte de tu vida a la que le vas a dedicar muchas horas y que va a suponer tu principal fuente de ingresos, sino que también es tu manera de expresar quién eres.

No te pido que te lo tires todo por la ventana, solo te pido que regreses a tu esencia, que busques lo que te hace feliz, deja de buscar objetivos que son quizás los ideales para esta sociedad.

  1. Escucha tu corazón

En ese trabajo que te acabo de contar en un comienzo era muy feliz porque hacía lo que me gustaba, hablar con las personas, dictar conferencias, generar cambios positivos en los que interactuaban conmigo, pero luego en búsqueda de dinero me alejé de lo que me hacía feliz, dejé de escuchar mi corazón y empecé a escuchar mi razón, me dejé llevar por las expectativas de una sociedad consumista.

Muchos años después cuando vivía en Berlín empecé a trabajar como profesora de español, no porque ese fuera mi trabajo ideal, sino porque no había encontrado un trabajo mejor (ya que como psicóloga me faltaba hablar mejor el idioma alemán), pero en ese trabajo empecé a ver que había muchos latinos que acudían a prender el alemán en la misma institución y que la mayoría de ellos necesitaban urgentemente atención psicológica especializada, una persona con los conocimientos y la experiencia que yo tenía. Fue entonces cuando mi corazón empezó a hablarme y a decirme que podía trabajar de forma independiente, abrir mi propia consulta exclusivamente con hispanohablantes. Mi razón me gritaba que tenía que seguir como profesora que era un trabajo bien remunerado y seguro, pero en mi interior tenía una vocecita que no paraba de gritar y mostrarme un camino diferente. Al final escuché a mi corazón y me lancé a la aventura de ser psicóloga online.

¿Alguna vez has tenido una idea que no te deja dormir?

¿Una de esas ideas que te viene a la cabeza una y otra vez, y que no puedes olvidar?

¿Una visión de la persona en la que te podrías convertir, del trabajo que podrías realizar, de la aventura que deberías vivir?

Puedes llamarlo musa, destino, señales, llamada divina o simplemente cabezonería, pero cuando la vocecita que tienes dentro te dice que hagas algo, tienes que escucharla.

Creo que este tipo de llamadas surgen por algo, y que si las ignoramos nos hacemos un poquito más grises. Por el contrario, si las seguimos, la magia se pone de nuestra parte y aparecen puertas donde antes sólo había muros. Steven Pressfield, autor de La guerra del arte, va más allá, hasta el punto de sugerir que este tipo de señales nos muestran nuestra misión en el mundo y que si hacemos caso omiso de ellas nuestras vidas no vividas pueden causarnos enfermedades graves como un cáncer.

En cualquier caso, creas lo que creas, la próxima vez que tengas una de esas ‘ideas persistentes’ trata de llevarla a la práctica. Puede que te haga más feliz o puede que no (yo opino que sí), pero al menos así te quitarás de encima el gusanillo de no saber qué hubiese pasado si lo hubieses intentado.

  1. Ama y cuida tu cuerpo

¿Has intentado alguna vez tragar un alimento con sabor asqueroso? Estoy segura de que si, todos hemos pasado por esa situación en algún momento de la vida, ¿recuerdas las arcadas en el estómago rechazando el sabor nauseabundo y tu fuerza de voluntad para sostener en la boca ese alimento hasta encontrar el lugar apropiado para poderlo escupir? Y si lo lograste pasar ¿recuerdas la sensación de querer vomitar, que permaneció en tu cuerpo por más tiempo del deseado?

La naturaleza es sabia y estamos programados para cuidar nuestro cuerpo, sin embargo, en muchas ocasiones hacemos todo lo contrario, ¿por qué?

La respuesta es muy sencilla porque no nos amamos lo suficiente, porque en nuestro desarrollo infantil empezamos a ver que somos diferentes y empezamos a compararnos, (quizás no nosotros sino los que no rodeaban) y entonces empezamos a desear ser diferente.

El cuerpo que tenemos es lo único que verdaderamente nos pertenece, su color de piel, su estatura, su estructura ósea robusta o débil es lo que tenemos y no lo podemos cambiar (bueno, si deseas puedes intentarlo con cirugías y químicos pero el precio es muy alto y no hablo de dinero).

El cuerpo es lo que proyectamos a los demás, pero si no lo amamos y no lo aceptamos tal cual como es, no podremos cuidarlo realmente. Tener una alimentación balanceada es amor, hacer ejercicio es amor, dormir lo suficiente es amor, no consumir sustancias dañinas como el alcohol, el cigarrillo o las drogas es amor. Limpiarlo y vestirlo adecuadamente es amor.

Míralo de esta manera, tú amas a tu madre tal cual como es, sin importar si es gorda o flaca, si es alta o baja, rubia o morena, la amas, punto y deseas lo mejor para ella; no te imaginas cambiándola por otra mujer. Pues con el cuerpo es lo mismo, cuando lo amas, lo acepta tal cual como es y te sientes orgulloso, orgullosa de tenerlo y lucirlo.

Tu cuerpo es más importante que cualquier otra cosa y si no, intenta hacer algo cuando estás enfermo ¡No podrás!

Cuando uno ama cuida, así que cuida tu cuerpo si deseas ser realmente feliz.

Te invito a ver la siguiente lista de reproducción de mi canal de YouTube, se llama: ¿Cómo ser feliz a pesar de todo? A continuación el Link:

https://youtu.be/4LW3rdjMQvU

Y si deseas cambiar tu vida a mejor utilizando estrategias que funcionan de forma rápida te invito a tomar el “Calendario de Transformación Mental” un reto que te cambiará la vida en sólo en 24 días.  Puedes inscribirte en el siguiente Link

https://formacion.andreamayoral.com/calendario-de-transformacion-mental/

**Una parte de este escrito está inspirado en el texto 7 ideas prácticas para ser más feliz de Ángel Alegre

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